miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA EXTRANJERA






LA EXTRANJERA

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo.

Atraídos por el amor al vértigo. Guiados por una flecha insolente de la noche. Ella mira hacia abajo. El mar la deslumbra. Olas hinchadas como venas patean su rabia contra la muralla de rocas. Él le pide: Ámame.

Ella no responde. Es joven y cierra los ojos como si estuviera viviendo muchas muertes. Ella teme saltar. Él le reclama: Bésame. La luz del faro indaga por las cosas perdidas y los encuentra a ellos. Amantes de las sombras son el blanco del silencio. Ella quiere saltar porque en su garganta tiene un nudo de reproches. Como él no pregunta, tampoco ella le responde. Su pasado es un mapa deshecho. Viene de un país hundido. No resulta fácil decir lo que se piensa. Y ella piensa demasiado. Ahora abre los ojos para ver el naufragio de su alma. Él la abraza como si quisiera desnudar su rabia. Ella le pide: Mátame.
Nuria Amat

EL DRAMA DEL DESENCANTADO





EL DRAMA DEL DESENCANTADO


...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

Gabriel García Márquez

El Pozo





EL POZO

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.

"Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

Luis Mateo Díez





El Espejo Chino


EL ESPEJO CHINO



Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.


Después de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros, y bebieron y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.


Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.


La mujer le dio el espejo y le dijo:


-Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.


La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:


-No tienes de qué preocuparte, es una vieja.


Anónimo






lunes, 7 de noviembre de 2011

Cerrando un Capitulo ^^


Creo que la última vez que me senté a escribir aquí era una nota algo depresiva, pero agradeciendo a quienes sin que les llame, llegan a  apoyarme, bueno la gratitud hacia ellos sigue en pie, es imposible no sentir afecto por ustedes que se han convertido en mis salva vidas. No digo superhéroes, primero porque no creo en ellos, y segundo porque si fuese así serían perfectos, y mis amigos tienen sus propios  problemas.




Ahora esta entrada no tiene que ver con ellos, sino conmigo y contigo, si, tú sigues rondando mi vida. Cuando te conocí jamás esperé esto, pues soy de quienes dejan ir a las personas con cierta facilidad y cuando se trata de aferrarme a alguien, tiene que ser demasiado importante en mi vida para que yo me siga quedando a la orilla del camino. Contigo, ciertamente creí que era algo que dejaría pasar, tres años después seguías allí sin estarlo, curiosa manera de hacernos compañía. Cada uno por su lado…  Bueno la historia ambos la conocemos, finalmente, cuando ambos nos sentamos a ver hacia atrás, concluimos que no erramos en esa manera de acompañarnos, pero decidimos darle un cauce finalmente al nosotros, bajo la premisa que no son nueve años tarde, sino que nos conocimos nueve años antes de lo esperado. Al menos así lo veo yo…

Pero hoy, no sé si hemos tomado las decisiones más acertadas. Pues hace un par de meses, en enero para ser más exactos, yo me mentalice que estaba encaprichada y que si estabas en mi vida era por eso, intente usar un escape, y no me resulto. Ahí apareciste con la pregunta clave: “¿Estas molesta conmigo?” Y mi respuesta seria y parca fue “No, no tengo motivos para estar molesta”

Mentirá, si estaba molesta contigo, contigo por no ser capaz de asumir que habías elegido mal, que tenías la oportunidad frente a ti y no la tomabas. Y molesta conmigo, porque te tenía enfrente y no era capaz de exigir te decidieses, o peor no era capaz de alejarme de ti.

Y hoy es precisamente esa misma sensación. Estoy demasiado enfadada y dolida contigo, pues realmente confié en tí, que no arruinarías las cosas de nuevo. Pues sí, no creo ser yo quien hizo las cosas mal, no soy yo la que se fue, por el contrario siempre he sido yo la que se queda esperando. Cuando necesitaste de mi apoyo, te lo brinde, con toda la entereza que pude, olvidando mi orgullo, olvidando mi amor propio. Cualquier mujer te hubiera dejado con el problema, y yo que hice, tome tu mano y dije: “adelante, cuentas conmigo”

Lo que vino después, no quiero pensar que sea tu manera de decirme que no quieres mi apoyo ni mi compañía, sino tu poco coraje, tu poca capacidad de ponerte los pantalones y de actuar con valentía.  Pues para mí es eso, que no eres lo suficientemente valiente para estar junto a mí, y que quizás yo idealice parte de ti…

Quizás sea ególatra y egoísta lo que diré, pero si yo fui capaz de poner sobre mis hombros mis problemas y ser un pilar para ti, porque tú no fuiste capaz de tomar tus problemas, ponerlos en tu espalda y ser el apoyo que durante meses he buscado. Como dije una de las última veces que tuve contacto contigo, tu vida  no es la única que tienes problemas. Bien sabes cuánto me cuesta a mí seguir luchando, seguir con mi vida, encausarla y no renunciar a mis sueños.

Ahora, la pregunta del millón, esa que todos me formulan y que yo misma tengo rondando de vez en vez en mi cabeza. ¿Qué haría si te vuelvo a ver? No lo sé, me gustaría poder decir que pasaré de largo y  seguiré mi camino, que no se moverá nada en mí. Pero no sé, eso es algo a lo cual me enfrentaré en el momento.

Aun cuando si tengo claro, que me gustaría conservar tu amistad, no una amistad itinerante o que nos lleve caer en el mismo juego tonto de estar sin estar. Sino una amistad, donde nos podamos sentar a conversar tranquilamente, con el panorama claro, sin mezclar las cosas. Porque luego de tantos intentos nefastos, no creo poder decir nuevamente “bien, veamos qué pasa” a menos que me demostrases que quieres ser valiente y jugártela.

Por ahora, y con estas palabras quiero cerrar este capítulo de mi vida, de nuestra historia, y seguir adelante. Otro camino, otro guión…